
La irrupción de la inteligencia artificial generativa está erosionando las puertas de entrada al primer empleo y hay evidencia de ello. En EE.UU las empresas que adoptaron IA redujeron un 22% las contrataciones de perfiles junior y aumentaron las de senior. La caída es más drástica en comercio mayorista y retail (hasta -40%) y afecta también a servicios profesionales e industrias intensivas en conocimiento (Harvard, 2025). En paralelo, el desempleo juvenil en Chile alcanzó 21,6%, mientras la ocupación apenas llega al 22,8%, muy por debajo de los niveles pre pandemia (abril-junio, INE, 2025).
Hasta hace poco, estudiar una carrera universitaria en Chile era sinónimo de seguridad económica. Promesa que hoy está en entredicho: abundan egresados con deudas, empleos precarios o títulos sin salida laboral. Y es que, entre otras cosas, el cambio tecnológico vuelve obsoleta gran parte de la formación que reciben, perpetuando el desajuste entre lo que se enseña y lo que el mercado exige.
Otro tema crítico es la escasez de egresados en carreras STEM, que coincide con los mejor remunerados del mercado formal. Lamentablemente los intereses de nuestros jóvenes no se ajustan a esta tendencia y los titulados en tecnologías de la información cayeron del 22% al 14%, y en ciencias exactas, del 9% al 7% en la última década (CNEP, 2024).
Algunos también atribuyen la crisis de primer empleo a la falta de flexibilidad de nuestro mercado laboral, el alza del salario mínimo o falta de subsidios específicos; otros, advierten que el desafío es más profundo, porque seguimos formando para un mundo que ya no existe, cuando lo urgente es desarrollar pensamiento crítico, creatividad, resiliencia, liderazgo y emprendimiento. Estas últimas habilidades son fundamentales si consideramos que casi el 60% de la Generación Z prefiere proyectos alternativos o startups como vía hacia la independencia (Harris Poll, 2025) y en Chile el 87% de los jóvenes declara estar dispuesto a emprender (UGM, 2025).
Pese a todo, en este escenario también hay grandes oportunidades, como describe el Wall Street Journal de agosto que ratifica el desafío de los recién graduados, pero que describe también una excepción notable: “jóvenes de poco más de 20 años con habilidades en IA que están recibiendo sueldos astronómicos”. Sin ir más lejos, José Joaquín Brunner propuso la semana pasada en El Mostrador que tercero y cuarto medio deberían orientarse intensivamente al uso de inteligencia artificial, abogando por una mayor flexibilidad curricular y trayectorias adaptadas a los talentos e intereses de los jóvenes devolviéndole así “sentido a un nivel educativo que lo ha ido perdiendo”.
La crisis del primer empleo es el reflejo de un sistema que perdió coherencia y pertinencia. Revertirla exige un rediseño educativo profundo que forme en habilidades y abra oportunidades reales, ya que solo así la educación volverá a ser motor de movilidad y no la promesa rota de una generación.
Mónica Retamal F.
Directora Ejecutiva Kodea

