Convengamos que es un desafío titánico regular el uso de pantallas en los niños y niñas, cuando el descontrol reina en el mundo adulto.

¿De qué se acusa a los celulares? de la disminución exagerada del tiempo infantil dedicado al juego, lo que repercute en su desarrollo emocional, físico y cognitivo. También, de la adicción que generan, en los países de la OCDE, el 45% de los estudiantes declara sentirse ansioso sin sus teléfonos; y de la exposición al ciberacoso y bullying.

Si bien no existe mucha evidencia científica, dado el corto tiempo que llevamos sometidos a esta hiper aceleración digital, ya hay estudios que indican que el control parental en el uso de dispositivos y la limitación del tiempo de exposición sí tiene un efecto positivo en el rendimiento académico.

Por otro lado, los recientes hallazgos de PISA muestran que los resultados del aprendizaje fueron a menudo mejores en los estudiantes que utilizaron dispositivos en una integración intencionada de la tecnología, respecto de quienes no los usaban. Pese a todo, la tensión del sistema escolar sigue siendo la lucha que los profesores dan por lograr atención, motivación y asistencia de su alumnado.

En Chile ya hay escuelas del sistema público y privado incorporando programación, IA y ciudadanía digital y la experiencia de Kodea en 13 regiones del país, donde está implementando Ciencias de la Computación (CC), evidencia que se logra una mayor motivación en los estudiantes y un aprendizaje significativo. Claudia Jaña, gerenta de educación, resalta entonces que “la discusión debe estar centrada en cómo el sistema escolar ‘educa en tecnología’ y entrega a los estudiantes herramientas para desenvolverse en una sociedad cada vez más digital, siendo para ello clave dotar a los docentes de nuevos conocimientos y prácticas pedagógicas”.

Recientemente, UNESCO hizo una revisión global e identificó 47 países que están incorporando las CC a sus sistemas escolares con estrategias y justificaciones que van desde sumar a los estudiantes a la sociedad digital, mejorando su capacidad de aportar a ésta y a su empleabilidad futura, hasta desarrollar habilidades para resolver problemas complejos. En otra arista, es evidente el aporte que las tecnologías pueden hacer para masificar una educación de mayor calidad, más accesible y personalizada y también el apoyo que podría significar ‘educar con tecnología’ para disminuir la ‘carga administrativa docente’ con el objetivo que los profesores pongan foco en lograr los aprendizajes.

¿Prohibir será el camino? Quienes abogamos porque las escuelas integren una educación digital sólida, creemos que la regulación no puede perder la posibilidad de educar en el uso reflexivo, creativo, ético y productivo de la tecnología, fomentando la adopción de un comportamiento responsable y crítico que incluya a la familia.

Mónica Retamal F.
Directora Ejecutiva Fundación Kodea