¿Están los jóvenes preparados para desenvolverse en el mundo que les tocará vivir? Esa es la pregunta que PISA intenta responder desde hace 25 años. La evolución de lo que mide muestra que también ha ido cambiando nuestra idea de qué significa “estar preparado”.
Hace un cuarto de siglo, el foco estaba en lectura, matemática y ciencias. Luego se sumaron resolución de problemas, colaboración, competencia global y pensamiento creativo. En 2019, Andreas Schleicher, de la OCDE, y Hadi Partovi, fundador de Code.org, anticiparon otro giro: ante la creciente digitalización sería necesario comprender el pensamiento computacional.
En 2025, PISA incorporó ‘Aprender en el Mundo Digital’, que evalúa cómo los estudiantes construyen conocimiento y resuelven problemas utilizando herramientas computacionales. Para 2029, se proyecta una evaluación de alfabetización mediática e inteligencia artificial. En consecuencia, no solo está cambiando cómo aprendemos, sino también qué necesitaremos aprender.
En Chile, la medición muestra una contradicción que vale la pena mirar. Seguimos bajo el promedio OCDE en las áreas tradicionales, pero obtenemos resultados en pensamiento computacional mejores de lo esperable según nuestro desempeño en ciencias. Además, el 77,1% de los estudiantes dice que le gusta aprender cosas nuevas y el 72,8% se esfuerza más ante una tarea difícil. Tenemos jóvenes curiosos, perseverantes y capaces de enfrentar problemas; el desafío es que el sistema educativo potencie esas capacidades en un mundo donde obtener respuestas será cada vez más fácil y lo difícil será saber qué preguntar, cómo evaluarlas y qué hacer con ellas. En esa línea, el MIT propone augmentation, not automation: usar la IA para ampliar capacidades —con más experimentación, colaboración y proyectos— y no para reemplazar el esfuerzo de aprender y pensar.
Mientras discutimos cómo limitar las pantallas en las escuelas, tenemos una decisión concreta por delante. En febrero, el CNED aprobó las nuevas Bases Curriculares de Tecnología e Innovación para 1° a 6° básico, que desplazan el foco desde usar herramientas hacia comprender la tecnología, resolver problemas y formar ciudadanos digitales críticos. Incorporan progresivamente pensamiento computacional, programación, robótica e IA. El desafío ahora es asegurar las condiciones para que este avance llegue efectivamente a las aulas.
Si bien es cierto que más exposición no significa más aprendizaje, reducir pantallas no significa reducir la educación digital. Necesitamos menos tecnología cuando distrae o reemplaza el esfuerzo, y mejor educación digital para comprender, crear y desarrollar criterio en un mundo donde la tecnología está cada vez más presente en la vida de los niños. ¿Prepararlos para qué? Para desenvolverse en el mundo que ya estamos viviendo y en el que les tocará vivir.
Mónica Retamal
Directora Ejecutiva Kodea

