La filantropía global está viviendo un giro profundo. Las principales fundaciones —desde Ford Foundation hasta Gates, Skoll y Co-Impact— coinciden en que los problemas del siglo XXI requieren menos pilotos y más soluciones maduras. Como ha señalado Bill Gates, hoy se necesita “una combinación distinta de innovación, filantropía, inversión y política pública, con foco en el bienestar humano”.
Ese estándar contrasta con la realidad latinoamericana, donde la filantropía representa solo un 0,2% del PIB, frente al 1,5% de Estados Unidos (The Resource Foundation, 2025). Aunque existen instituciones relevantes, predomina el financiamiento discontinuo, de corto plazo y aún demasiado cercano al asistencialismo. El resultado es un ecosistema frágil, en el que organizaciones sociales deben sostener servicios esenciales con pocos recursos y en territorios donde ni siquiera el Estado llega.
Chile se distingue dentro de Latam porque mucho antes de que la innovación social se volviera tendencia, ya había ONGs capaces de diseñar soluciones con evidencia, escalar modelos y responder a problemas sistémicos. Teletón y COANIQUEM son referentes mundiales en rehabilitación y tratamiento de quemaduras respectivamente ; el Hogar de Cristo logró transformar metodologías en política pública; América Solidaria impulsó cooperación Sur-Sur; Kodea lidera en inclusión digital; Foro Innovación fortaleció el ecosistema emprendedor y TECHO Internacional opera en 18 países con modelos de vivienda transicional.
Estas instituciones cumplen con los estándares que la filantropía global exige hoy y -tras un proceso de colaboración radical- han creado Chile Social Innovation, el primer sello sectorial de la región que articula un portafolio con metodologías, trazabilidad y estándares comprobados para convertir este patrimonio en un valor estratégico para el país y la región. Como plantea Juan José Ayerza de Techo Internacional, “se están sentando las bases de una colaboración profunda, diseñada para escalar y enfrentar los desafíos sociales del continente, integrando innovación en cada acción y desarrollo”.
Problemas como cambio climático, IA segura, salud global, desigualdad persistente, educación del futuro y democracias resilientes requieren proyectos maduros, financiamiento estable y capacidad de operar en sistemas complejos. Frente a esto, Chile puede actuar como un hub regional de innovación social, lo cual exige mejores capacidades institucionales, más innovación y tecnología, sistemas de evidencia robustos y, por supuesto, colaboración en todos los niveles.
Latinoamérica no puede seguir siendo vista sólo como receptora de ayuda. Si la región movilizara un 1% adicional del patrimonio de los grandes capitales privados, generaría más de US $5.000 millones anuales para inversión social (The Resource Foundation, 2025) y -con referentes como Chile Social Innovation- este potencial podría transformarse en impacto real, evitando fragmentación y demostrando que desde el sur también se innova, se escala y, sobre todo, se resuelven problemas sociales reales.
Mónica Retamal F.
Directora Ejecutiva Kodea

